Veo mi rostro multiplicado
en un mural de personas
desaparecidas.
Viejo y acabado, aún lleno de odio,
sufro por el cielo repentino.
Si se apagara la llama
y despertara del sueño
volvería a la presencia de Jehová.
He enjaulado la última sospecha.
El poema se me cae a pedazos.
Lo que me está matando
es la imparable acumulación de
silencio.
Como una especie de sarro,
se me junta en los intestinos y en la cabeza,
hiede a veneno y me tapa las arterias.
La gente a mi alrededor se pregunta
por qué cresta siempre lo dejo todo
embarrado de silencio.
Si no existe el amor, existe la guerra.
Rostro de cuchillo, voz del apocalipsis.
Niño recién nacido,
renacuajo genocida, fiera indefensa,
abortado silogismo.
Recuérdame por qué.
No ves que me
tambaleo sobre el magma.
Si pudiera atisbar un solo guiño
entre las caras desaparecidas,
entre las flores podridas,
entre las manchas de ceniza en mi pecho.
Si pudiera presentir a un dios,
¡tan solo uno!
Melodía mutilada por el silencio.
Tumba profanada por la venganza.
Niño recién nacido, en tus dos ojos
sufro por las cosas que he perdido.
Si te quitara la vida,
tus ojos se volverían
agua serena, profunda y helada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario