domingo, 14 de septiembre de 2025

Muerte infantil (poema)

Veo mi rostro multiplicado en un mural de personas desaparecidas. Viejo y acabado, aún lleno de odio, sufro por el cielo repentino. Si se apagara la llama y despertara del sueño volvería a la presencia de Jehová. He enjaulado la última sospecha. El poema se me cae a pedazos. Lo que me está matando es la imparable acumulación de silencio. Como una especie de sarro, se me junta en los intestinos y en la cabeza, hiede a veneno y me tapa las arterias. La gente a mi alrededor se pregunta por qué cresta siempre lo dejo todo embarrado de silencio. Si no existe el amor, existe la guerra. Rostro de cuchillo, voz del apocalipsis. Niño recién nacido, renacuajo genocida, fiera indefensa, abortado silogismo. Recuérdame por qué. No ves que me tambaleo sobre el magma. Si pudiera atisbar un solo guiño entre las caras desaparecidas, entre las flores podridas, entre las manchas de ceniza en mi pecho. Si pudiera presentir a un dios, ¡tan solo uno! Melodía mutilada por el silencio. Tumba profanada por la venganza.
Niño recién nacido, en tus dos ojos sufro por las cosas que he perdido. Si te quitara la vida, tus ojos se volverían agua serena, profunda y helada.

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